Crowley y los Sonetos del Infierno IV

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3 de espadas

¿en que estación se retrasó el tren de mi vida?
Si ahora no distingo esa fuerza abrasadora
ni vapor ni ruido de expresa locomotora
y mis pies reclaman por el vagón de la huida

ta tan ta tan el guerrero de acero y plata
se lamenta sobre los durmientes congelados
ta tan ta tan estoico animal surcando prados
esparciendo a todo el mundo su noble cantata

su ausencia nos separó del desierto florido
de ese árbol chueco lloroso y carcomido
olvidado de lluvia y viento, sol y luna

vegetación que oculta la hermosa laguna
bajo el manto de la perenne cordillera
últimos vestigios de esta desolada era

4 de espadas

los viejos ejércitos emprenden la retirada
vuelven deshechos de sus sangrantes incursiones
con ojos llenos de amargura y desilusiones
bajan la cabeza para evitar la mirada

una soledad sin fin los separa del mundo
y la llevan sujeta como la cruz de Cristo
el dolor los amilana y les quita el aliento
saben que desde arriba Dios los está viendo

la guerra ya terminó para esos andrajos
y quedan todos esos sentimientos siniestros
que anhelan descubrir la delicia de la vida

¿se producirán alguna vez esos encuentros?
será antes de que se desplome la lápida
y de esa felicidad se encuentren lejos

39 príncipe de copas

tendría que contarte mi vida de a pedazos
esta agua maldita que me empecino en beber
sangre amarga y oscura que sapide a saber
recuerdos cancinos que se vienen en retazos

tendría que contarte de mi vida a jirones
príncipe gracioso de sonrisa indolente
monje de claustro, un escondido penitente
náufrago del golfo, cazador de tiburones

tendría que contarte de mi muerte a palazos
trozo de carne arrancada de yermo desierto
sauces rogando piedad al incesante viento

tendría que contarte de mi muerte a balazos
chaquetas de bronce silbando en el quieto cielo
novio solo, ella se fue, aprieta su velo

52 reina de espadas

sangría de bares que llora siempre estas noches
me acogen en el asilo de tu alma severa
esa que tiene el ruido cerrado de nevera
y te aleja de mí estas eternas noches

me pidió alejar al peligroso enemigo
un sabio diligente que yo mismo contraté
hizo de mi corazón una huelga llorante
para que vuelva a él su amarillo trigo

un día hallé en el duelo blindado de mi pesar
lo que esas palomas negras me arrebataron
y decidí que nunca más volvería a pensar

su juicio y perspicacia de mi se burlaron
convirtiéndome en el hombre del yelmo dorado
hecho por el maestro y puesto de decorado

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