Hotel Ambassador

Eran ya cerca de las 10, cuando una auto de esos que parecen todos iguales y llevan estampada una patente naranja se dejó caer frente a las inmediaciones del Hotel Ambassador. Una mujer, que más tarde sabría que se llamaba Misuno, pagó lo que estaba estipulado en la pequeña cajita con números fosforescentes verdes y se bajó apresuradamente. Avanzó un poco confusa entre tanta gente por la cual sentía un inexplicable desprecio y se sentó en la barra del hotel. -Me da un martini seco- musitó mientras le dirigía miradas descorteses y hasta un poco lascivas a los tres hombres que se encontraban tomando whisky en una pequeña mesita ubicada a un rincón del bar. El más alto fue el primero que comentó este detalle a los otros dos que lo acompañaban. Mira esa mujer que está en la barra, espetó ¿no te parece que la hemos visto en otra parte? Udic asintió con la cabeza y el tercer hombre se quedó mirándola fijamente, hasta que ella posó sus ojos sobre los suyos y no pudo menos que ignorarla con vergüenza y mirar hacia otro lado. Udic prosiguió: a mi me parece super interesante, de lo mejor que hemos visto en uno de estos horribles hoteles a los cuales nos tiene acostumbrados Bogie. La mujer se impacientó por que encontraba que la contienda era desigual. Tres contra uno -se dijo- tienen todas las de ganar; y de cierto modo tenía razón, porque esos tres individuos no se caracterizaban por ser los más discretos, todos tenían viejos secretos que al calor de una noche de verano, comentaban y dejaban escapar como abuelitos dándole de comer a las palomas en una plaza de mierda.

Dos sorbos de ese manjar bondesco fueron suficientes para que se sintiera en confianza y decidiese acercarse a la mesa. El largo viaje desde la cuarta región la había agotado enormemente y ya no deseaba perder el tiempo mirando las diferentes botellas de licores que se encontraban cada vez que se miraba en el gran espejo. ¿Quién va a ser el caballero (odiaba está palabra como odiaba levantarse cada mañana, sabiendo que seguía siendo la misma de siempre, pero más fria) que me invite la segunda copa? Udic saltó inmediatamente para mover la silla y ajustarla a las voluptuosas curvas que descansaron sobre la incómoda silla. Los demás no notaron el rubor que el sintió en las mejillas por haber sido tan intencionalmente atento con aquella desconocida mujer. Estábamos hablando de usted -dijo- tratando de entablar una conversación que había tenido muchas veces en su mente y que a la luz de la vela que iluminaba la mesa, salió a la perfección. ¿qué desea beber? insinuó él. Creo que compartiré el mismo brebaje que consumen -advirtio la madame. Un escocés gritó el tercer hombre sin mediar más y sonrió con vehemencia a la mujer. Disculpe- prosiguió- ¿acaso no nos conocemos con anterioridad? dijo buscando una mirada de aprobación en la mujer. No lo creo posible inquirió- yo soy de provincia y hoy me traen asuntos particulares a la capital.

El más alto, sintiendo que estaba perdiendo terreno ante la singular mujer que compartía mesa con ellos, le propuso hacer un brindis: Señorita, porque no creo que una mujer como usted pueda ser señora ¿sería tan amable de alzar la copa con nosotros y brindar por la paz en el mundo? soltó casi sin meditarlo, mientras ella hacía como que no lo escuchaba y se preguntaba como diablos había ido a parar allí. Por supuesto -dijo animándose- y déjenme decirles algo; una cosa que no los va a dejar a ninguno de ustedes indiferentes, brindo por la paz en el mundo, y porque ojalá esta noche tenga la suerte de vender esta esfera de jade (abrió una cajita mostrándosela a los parroquianos) porque estoy segura de que ustedes saben el valor que tiene y no dejaran pasar esta estupenda oportunidad.

El más alto desvió la vista, Ulic la miró con incredulidad y el tercer hombre observó la pulsera con una mínima distancia y supo que era auténtica… Sólo una vez en la vida había visto algo tan bello y nunca pensó que eso volvería a ocurrir. Yo apuré el último trago de jack y salí por la puerta. Ya sabía quien era Misuno y que se traía entre manos.

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2 comentarios en “Hotel Ambassador”

  1. ulic Says:

    Udic debería cambiar su repertorio de frases para flirtear con chicas. Al parecer confía demasiado en su apolínea facha.
    Esa tal Misuno… vaya… esa tal Misuno

  2. RITUALESGÓTICOS Says:

    Ya veo los reinos que dominas…pensó mientras practicaba la danza en un silencioso Parque Japonés, y como siempre ocurría en esos casos, su Esfera de Jade creció.


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