Los pies de una búlgara naciente

¿Quiero seguir mirando tus pies e imaginar
sus próximos pasos?

Sí, me respondo… y la respuesta es porque no me cansan,
porque me intriga la perfección de sus finas curvas,
lo terso de la delicadeza en que la piel se vuelve
en ese rincón apartado de tu cuerpo.

Tus pies son como lingotes de oro,
que al contacto con mis ojos me intimidan terriblemente,
son así porque no tienen precio, porque nadie pagaría por ellos
y porque yo no tengo dinero para hacerlo,
porque su valor no lo puedo medir en vulgares monedas,
porque son un tesoro que sólo puedo guardar en mis memorias
y porque no sabría que hacer con ellos…
si hacerles un altar para rezarles diariamente,
o amarlos como si fuesen los mios.

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