Fragmento de la novela Amok de Stefan Zweig

El anochecer penetró lentamente en la habitación, y ella no se percató. Porque el anochecer no es ruidoso. No mira atrevido por la ventana como el mediodía, brota de las paredes como agua oscura, levanta el techo hacia la nada, lo arrastra todo despacio en su silencioso torrente.

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