Un día cualquiera en el cine (o 2 loosers en el cine)

Ese día iríamos al cine, lo pasaríamos viendo una de monitos de Disney y si teníamos suerte y nos portábamos bien, nos comprarían cabritas y un pequeño vaso de Bebida. Jaime fue invitado por mis padres, que viendo que el ya se sentía un hermano de nosotros sin serlo, llegaba temprano a la casa y se iba tarde. Era algo así como el chavo del ocho pero con un poco más de clase (no mucha más está claro). Todo lo que tiene que ver con la compra de entradas lo solucionó mi papá, que ese día se las arreglo para llevarnos en la renoleta al centro de Santiago, al Rex 2. Cuando entramos a la sala, Rodri comenzó con los mismos fantasmas que se le aparecian en la oscuridad. Al principio yo pensé que sería un síndrome Bruce Wayne, pero ni siquiera lo conocía como Bruce Wayne…para él era Bruno Díaz. El asunto es que comenzó a perseguirse y a asegurar de que toda la sala estaba llena de murciélagos, mi papá lo trató de calmar, pero ya no había nada que hacer…Rodri había mojado todos su pantalones de cotelé y un humor caliente y algo hediondo se esparcía por la sala de cine. Mi padre no tuvo otra opción que sacarnos rápidamente de allí, mientras yo le dirigía sendas miradas de odio al muy mamón y Jaime miraba distraídamente por la ventana sin decir nada. Como Shaggy en Scooby Doo, Jaime siempre andaba pendiente de cualquier cosa que no tuviera que ver con el mundo. Jaime soñaba con ser el superhéroe que nunca se cansa.

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