si me piden que me acuerde de ti, nunca olvidaré el sonido de tus palabras

Estaba yo encerrado en mi carpa recordándote, bodhisattva del recuerdo invocándote;  apartado en mi yo lejano, buscando en mis memorias tu rostro y tu presencia…mas sólo encontré los restos de tu voz.

Estaba yo buscándote en el vacío de la memoria, en el trabajo infructuoso de célula sobre célula, laberinto ganado sobre laberinto perdido, cuando iluminado por la certeza sentí tu voz grave y perfecta rumoreando la noche.

Estaba aturdido cuando me hicieron la pregunta, porque del amor conocemos tacto y olvido; cenizas, alegrías y desconsuelos, mas no el sonido de un recuerdo, no el sonido de una voz que no se apaga.

Y sólo él sabe que no estaré nunca preparado para flaquear indigno, frente a tal timbre medieval, aquella gutural membrana de perfección que se incrustó como una flecha disparada sin recelo, invocándome a seguirla como pez abisal perdido en la profundidad de tu voz de fuego.

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