Una oscuridad como la de Lord Byron

Me ilusiono con un lugar donde la paz sea la que cante, piedras y hastío se envuelven en arena y tiempo impreciso.

El sol no alumbra con luz, mas con sombra.

Del delgado hilo de agua que corre, puedo beber los últimos sorbos que me refrescan.

Es un patio vasto en extensión, circular y oceánico que parece un desierto, pero es mas bien un páramo perdido en el horizonte.

Hay gaviotas secas que caen por el peso del calor, un calor que no alcanza a ser sofocante.

En ese lugar hay más espacio que tiempo, de nada te serviría un reloj, podrías pensar que es el infierno, pero mas bien es un purgatorio pasable.

Las flores crecen pegadas a la tierra como mapuches con garras, les lleva siglos crecer con hojas de bronze pulido.

En el centro, si es que eres capaz de llegar, hay un faro encendido que te guía hacia el.

Algunos logran acercarse pero hacer esto en realidad no tiene sentido.

Hoy en día ya casi nada lo tiene. Casi nada.

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